Diplomado Intervención Socio Familiar
Por Macarena Salgado Lavin
Desde el inicio de la historia del trabajo social nos encontramos con distintos enfoques de intervención, así como también distintos focos de intervención, pasamos desde la limosna, la beneficencia hasta la incorporación de las ciencias sociales y la promoción. Partimos desde el trabajo social individual hasta incorporar la familia, el método de grupo y el del desarrollo de la comunidad.
Es así entonces que desde el inicio de los tiempos la intervención familiar ha sido parte del desarrollo del trabajo social, fue el primer foco identificado por Mary Richmond y del cual se hicieron las primeras sistematizaciones y teorías. También fue en este ámbito donde se crean los primeros modelos de intervención y donde poco a poco se incorporaron distintas teorías como; psicología, antropología y sociología entre otras.
Con el pasar de los años se han ido concentrando distintas disciplinas, distintos enfoques, modelos y también fue cambiando el proceso de formación de la profesión, pero nunca se ha dejado de lado la Intervención Familiar, foco principal de intervención hoy en día en nuestra profesión. Debemos tener en cuenta que la familia es la base fundamental de nuestra sociedad, por ello el trabajo social cumple un rol fundamental, lleno de desafíos con alta connotación social.
Dentro de las distintas teorías que se fueron incorporando a lo largo de la profesión nos encontramos con una denominada “Teoría General de sistemas” en donde sistema lo entendemos como “conjunto de reglas o principios sobre una materia, relacionados entre sí. Conjunto de cosas que ordenadamente relacionadas entre sí contribuyen a un fin determinado. Se destacan la interacción y el orden a una finalidad. Si se toma a la teoría bajo la concepción de Von Bertalanffy, caracteriza al sistema por un estado estable, dinámico, que permite un cambio constante de componentes mediante asimilación y desasimilación”.[1]
En una familia nos encontramos con un sistema multigeracional, compuesto por miembros de distintas generaciones, que se caracteriza además por estar constituida por subsistemas que tienen su propio comportamiento interno, el que se ve influenciado por otros sistemas externos.
Es así que la teoría general de sistema nos ayuda comprender que la familia es un sistema constituido por micros sistema, en donde cada uno aportan a este, cumplen diversos roles que son estáticos, con vínculos consanguíneos o no, que viven de forma aglutinada y comparten el ámbito económico, social y afectivo. Además tiene la característica que evoluciona desde el Nacimiento, Crecimiento, Multiplicación, Decadencia y Trascendencia, denominándose este proceso como ciclo vital familiar.
Dentro de este sistema familiar, como mencionamos anteriormente, nos encontramos con diferentes roles que se dan en su interior, en donde “El rol de los padres, definido desde las competencias parentales, según Barudy y Dantagnan (2005), consiste en las capacidades y habilidades prácticas de los padres para cuidar, proteger y educar a sus hijos, asegurándoles un desarrollo sano. No es una caracterología estática, sino dinámica, en la cual intervienen aspectos hereditarios, culturales, aprendizajes vitales y experiencias vinculares de los padres con sus padres. Es un estado de la persona, el cual vive un proceso de constante cambio”[2]
Es así que al incorporar un estudio sistémico, nos damos cuenta de cómo las personas van incorporando o no distinta habilidades parentales. Las que son trascendentales para el desarrollo de los hijos.
Tenemos habilidades parentales que en muchas ocasiones son heredadas de nuestros antepasados, pero otras que se van adquiriendo según las circunstancias de vida, así como también desde el medio social en que nos encontramos insertos.
Una de esas habilidades que hoy en día a tomado gran trascendencia es la resiliencia, aqui la familia juega un rol muy importante y “permite que los hijos construyan su personalidad, dado que es en la relación con los padres, donde los niños y niñas pueden enfrentar situaciones complejas, a través de un vínculo protector y significativo. En la misma línea Barudy y Dantagnan (2010), señalan que cuando el funcionamiento familiar es adecuado, permite que el niño o niña pueda estar protegido frente a experiencias traumáticas presentes en el entorno”.[3]
La resiliencia es muy importante en los niños, ya que estos tienen la capacidad de adaptarse a las circunstancias difíciles del medio o episodios traumáticos. Se adquiere mayor nivel de fortaleza intrapsiquica y habilidades sociales.
Algunas de las habilidades resilientes son las siguientes[4]:
º Son capaces de identificar de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro.
º Son capaces de controlar sus emociones, sobre todo ante la adversidad y pueden permanecer centrados en situaciones de crisis.
º Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión.
º Tienen un optimismo realista. Es decir, piensan que las cosas pueden ir bien, tienen una visión positiva del futuro y piensan que pueden controlar el curso de sus vidas, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías.
º Se consideran competentes y confían en sus propias capacidades.
º Son empáticos. Es decir, tienen una buena capacidad para leer las emociones de los demás y conectar con ellas.
º Son capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.
Es así que es muy importante evaluar las características propias de cada familia, pues nunca habrá una igual a otra, así como los distintos roles parentales, el número de integrantes o si poseen características o no de resiliencia u otras. Características muy importantes de identificar al momento de una intervención familiar.
Muchas veces estas intervenciones familiares se realizan cuando se presenta algún tipo de vulnerabilidad social o económica. Al existir contextos de vulnerabilidad social nos encontramos con que están presente, más comúnmente, la falta del establecimiento de los roles parentales, problemas matrimoniales o de pareja, nos hallamos normalmente frente alguna enfermedad de algún miembro de la familia o problemas de relacionados en ámbito económico o hacinamiento, problemas de vivienda o características habitacionales poco seguras y con dificultades de salubridad.
Son muchos los ámbitos de intervención familiar en casos de contextos con vulnerabilidad social, sin embargo hay situaciones en donde las familias pertenecen a clases sociales más acomodadas existiendo otras disfuncionalidades que ameritan de intervenciones familiares, como problemas de autoestima en los niños que desencadenan en problemas educacionales o en ocasiones son víctimas de bullying, nos topamos con padres ausentes dedicados a sus trabajos, problemas en el cumplimientos de sus roles parentales o problemas en el establecimiento de normas claras en el comportamiento familiar. También es frecuente encontramos con problemas de comunicación, lo que dificulta la toma de decisiones del hogar o las que tienen que ver con sus hijos.
[1]
http://www.mflapaz.com/Revista_6/revista_6_pdf/4%20LA%20FAMILIA%20COMO%20SISTEMA.pdf
[2]
http://www.psicologoterapia.cl/index.php/competencias-parentales/item/competencia-parental-y-resiliencia
[3]http://www.psicologoterapia.cl/index.php/competencias-parentales/item/competencia-parental-y-resiliencia


